Mi formación como fotógrafa la llevé a cabo entre la Escuela Superior de Arte y Diseño de Orihuela (Alicante) y la Escuela de Arte León Ortega (Huelva).
  Mi interés fotográfico se centra en las instantáneas de los momentos cotidianos, la fotografía de la calle, el fotoperiodismo y el reportaje social. Se alimenta de la rutina urbana y del azar, de la brevedad de un pequeño gesto o el discurrir de un acto cotidiano. Es una crónica de la fugacidad del presente enmarcada entre el anonimato de la población habitante y la mirada asfáltica de la ciudad. Vinculada al mundo de la Cooperación Internacional , mi objetivo es, a través de mi ojo fotográfico, acercar otras realidades de otras comunidades países y culturas, sensibilizar y desarrollar en el ojo del que ve la conciencia crítica y social por un lado, y por otro acercar al que observa lo maravilloso de este mundo variopinto. Unos de mis trabajos fue seleccionado entre más de 40.000, dentro del concurso "Universo en Español" de el País Semanal, y fue expuesto en el Instituto Cervantes de Madrid.

  La preeminencia de uno de los cuatro humores determinaba, para el médico Hipócrates, el carácter del individuo que padecía la carencia o el exceso de flema, de sangre o de bilis. Del equilibrio nacía la salud. Y fuera de sus límites, como aquellos mitológicos dragones anteriores a los mapas de Copérnico, la pasión, la tristeza, la cólera o la indiferencia desplegaban sus alas inmensas para quizá adueñarse por completo del alma de sus víctimas. Hasta aquí lo racional de una teoría que nos ha fascinado desde la antigüedad clásica y ha servido, con su minuciosa clasificación, para explicar, ordenar y comprender los caracteres y sentimientos humanos. Pero cabría, y deberíamos, aventurarnos más allá de los mapas conocidos y acercarnos a las guaridas de esos dragones que cantan a niñas de fuego extrayendo de la tierra sus vapores telúricos. Para ellos, para los privilegiados pertenecientes a una raza hecha de fuego y de tierra, no sólo determinan los humores su personalidad ni su arte. También cada parte de su cuerpo contribuye a ello. Sus manos, sus vientres, sus bocas, los ojos cerrados o clavados en el polvo del que procedemos son también motor y causa, refugio y lanzadera, guardianes, maestros y depositarios de amor, de arrebato, de guerra o de coraje. Porque quizá del exceso de humores nace la locura, pero también la libertad y la pasión que nos consume en nuestro efímero paseo como la lumbre a los cigarrillos.

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